martes, mayo 28, 2024

El regalo misterioso – Teresita Balderas y Rico

Era una mañana fría, había llovido toda la noche. Puntual como todos los días, sonó la alarma. Con rapidez Verónica saltó de la cama, había que preparar el desayuno para sus hijos, y el café bien cargado para despertar, como le gusta a Arturo. A las seis treinta desayunaban con rapidez el abogado Arturo de la Vega y sus hijos, el tiempo apremiaba. Andrés y su hermana Natalie salieron rumbo a la universidad.

Verónica estaba un tanto alarmada, observaba el semblante se su marido.

─Arturo, me preocupa tu salud, tu piel tiene un tono amarillento, es urgente que acudas al médico, te haré una cita.

─No te preocupes Vero, este caso se ha complicado más de lo que esperaba, pero tengo más pruebas a favor de mi cliente, confío en que hoy se resolverá el caso, y todo volverá a la normalidad.

Con un beso en la mejilla Arturo de la Vega se despidió de su esposa, ella saldría más tarde, su horario en la empresa era de diez a las dieciocho horas.

El carro de Arturo ya no funcionaba bien, era urgente llevarlo al mecánico, o comprar otro, pero, ¿cómo hacerlo? con el pago de colegiaturas y el de la casa no alcanzaba para más. Esto pensaba Arturo mientras conducía.

En el trayecto a la corte, veía constantemente por el espejo retrovisor, tenía la sensación que alguien lo seguía.

El caso mantenía nervioso al abogado, cuando lo tomó pensaba que pronto se resolvería aplicando la ley y con evidencias claras, sin embargo, se había complicado. Estaba acostumbrado a las amenazas de los poderosos, pero en esta ocasión, percibía algo diferente. 

Absorto en sus pensamientos no se dio cuenta que una camioneta gris con cristales oscuros lo venía siguiendo, al enterarse un sudor frío recorrió su cuerpo, trató de serenarse, sabía que metros adelante había una gasolinera, haría ahí un alto, las manos del abogado temblaban. La camioneta disminuyó la velocidad, el conductor bajó los cristales, volteo a ver al abogado, con la mano y una sonrisa siniestra lo saludó.

Pasó al sanitario a mojase el rostro, espero cinco minutos, no quería encontrarse con ese tipo. Un poco más calmado siguió su camino hacia la corte. Tuvo tiempo para pensar en retomar sus horas en la docencia que había abandonado dos años antes por exceso de trabajo. Arturo conservaba su ética profesional, jamás se había involucrado en acciones deshonestas.

De la Vega estaba llevando un caso donde el poder se aprovechaba de la vulnerabilidad de gente honesta, y desconocedora de las leyes.

El campesino Ramón Herrera había sido despojado de tres hectáreas y un ojo de agua, tierras que habían sido herencia de sus abuelos.

Una constructora se empecinaba en construir un hotel en ese terreno, aprovechando un bosquecillo y el ojo de agua en esas tierras, sería un buen gancho para atraer a los turistas. 

En contubernio con autoridades del lugar, y políticos corruptos, habían falsificado documentos para que un presta nombres reclamara como propietario esas tierras. Por desgracia fraudes como ese suceden con frecuencia, bajo el amparo de autoridades sin escrúpulos.  

Arturo, abogado honesto de los que hay pocos, al conocer la historia de don Ramón prometió llevar el caso.

Los alegatos fueron tensos, los abogados del falso dueño tenían práctica en argucias, conocían los huecos de las leyes y se aprovechaban de ellos. Sin embargo, en este caso no fueron suficientes. Las asertivas investigaciones y pruebas documentadas, fueron contundentes. Esta vez, los abogados cuyos altos salarios se cobran por hora, tuvieron que admitir su derrota. Un hondo suspiro del abogado indicaba que por fin terminaban los días tensos que había vivido.

Don Ramón hombre de campo, acostumbrado a situaciones difíciles, no pudo contener el llanto, se puso de pie, abrazó al abogado agradeciendo lo que había hecho por él.

Arturo y don Ramón firmaron los documentos donde se le reconocía como legítimo dueño de las tierras y el ojo de agua.

Arturo estaba muy feliz, amaba su profesión, sobre todo cuando se logra hacer justicia. Era un acto aberrante lo que tramaban contra don Ramón, hombre sencillo honrado y trabajador.

Regresaría a su casa, pensaba darse un buen baño y esperar el regreso de su esposa e hijos.

Al día siguiente sería el cumpleaños el abogado, bien merecido tenía un festejo.

Don Ramón en agradecimiento a la magnífica defensa que hizo de su caso el abogado, dijo a su hijo que comprara un pastel, lo pusiera en una caja para regalo, la tarjeta iría dentro para que fuera una sorpresa.

Ese día más tarde, Ramón y su hijo regresaron felices a su pueblo, jamás olvidarían la bondad del abogado, hubo momentos en que la vida de Arturo había estado en peligro, y, sin embargo, continúo en el caso. 

La felicidad es un sentimiento que se desarrolla en la parte ganadora, no así en la otra. Mientras Arturo esperaba sonriente a su familia, para darles la noticia de que habían ganado el caso, y se había hecho justicia.

 En otro lugar solo pensaban en vengarse, la pérdida había sido millonaria. El presidente de tan “honorable grupo” dio órdenes a uno de sus sicarios.

─Ya sabes lo que debes hacer, mañana es cumpleaños del abogadito temprano le mandas una cajita bien arreglada para regalo, merecido lo tiene.

 A don Rogelio, el mayor inversionista, también le envías una. Paro a él, pones el Rolex que había comprado para mí, necesitamos tranquilizarlo, no quiero perder sus inversiones.

Arturo estaba feliz en casa, su esposa propuso que salieran a comer al restaurante que él eligiera, no aceptó la propuesta, tenía ganas de que todos comieran en casa, cocinaría para su amada familia.

Marinaba la carne cuando sonó el timbre, era la entrega de una caja bellamente envuelta, buscaba el nombre de quien la había enviado, no estaba, iba a abrirla, pero prefirió hacerlo con la familia. Una hora después el abogado recibió otra caja. 

Arturo y su familia estaban muy felices había pasado muchos meses sin que tuvieran la oportunidad de disfrutar esa convivencia familiar. Los regalos los abriría después del postre.

Un amigo telefoneo.

─ ¿Ya te enteraste? Prende la televisión.

─ No me pongas nervioso ¿qué pasó? ─preguntaba Arturo.

─ Se trata del poderoso inversionista del Caso que acabas de resolver.

Varias televisoras daban la noticia, Rogelio Escobar había sido atacado en su domicilio con una poderosa bomba en una caja para regalo. Arturo no podía creer lo que estaba escuchando.

Cuánta violencia en este país dijo Verónica.

Se despidió de su amigo, apagó el televisor y se dispusieron abrir los regalos.

El abogado se emocionó con lo que don Ramón escribió en la tarjeta. Dijo a su esposa que abriera el otro. Dentro de esa caja había otra más pequeña, y en ella, un costosísimo Rolex. En la tarjeta solo decía: con mis respetos a usted. El abogado trataba de adivinar quien se lo había regalado. 

Tal vez algún día Arturo se entere de la realidad.

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