Jacob, ahora llamado Israel, tuvo 12 hijos, pero cometió un error, tuvo un favorito de entre sus hijos. Israel favoreció a José y mostró ese favoritismo al darle una hermosa túnica de colores. Ese acto puede parecer insignificante, pero los hermanos de José comprendieron el significado detrás del obsequio: su padre lo amaba a él más que a los demás y sus corazones se volvieron contra José.
El favoritismo es una forma de discriminación y consiste en dar preferencia o beneficiar a una persona por encima de otras con los mismos derechos. La Biblia es muy clara al decir que el favoritismo no forma parte de la voluntad de Dios para nuestras vidas, porque esto no concuerda con el carácter de Dios y muchos pasajes nos lo confirman, por ejemplo, Romanos 2:11 dice: “ Porque con Dios no hay favoritismos.”
La Biblia enseña que no se debe mostrar favoritismo ni hacia los hijos, ni hacia empleados, ni hacia nadie, dado que esta situación es pecaminosa, rompe la imparcialidad y destruye la justicia. Además, causa celos, resentimientos y odio, como en el caso de los hermanos de José, que terminaron vendiéndolo como esclavo, haciéndole creer a su padre que José había muerto. Finalmente, Israel fue víctima de su propio favoritismo.
En el libro de Santiago encontramos una fuerte exhortación contra el favoritismo: “Hermanos míos, la fe que tienen en nuestro glorioso Señor Jesucristo no debe dar lugar a favoritismos. Pero si muestran algún favoritismo, pecan y son culpables, pues la misma ley los acusa de ser transgresores.” (Santiago 2:1 y 9).
Desde luego que es muy difícil evitar el favoritismo. Hasta los seguidores más cercanos de Jesús lucharon contra los prejuicios hacia personas diferentes a ellos. Cuando el apóstol Pedro fue llamado por primera vez a ministrar a personas no judías, se mostró reacio. Después admitió: “Ahora comprendo que, en realidad, para Dios no hay favoritismos.” (Hechos 10:34).
Dios llama a los creyentes a tratar a todos con igualdad, justicia, compasión y amor. La fe verdadera no se mezcla con favoritismos.
El ejemplo positivo, el mejor ejemplo, es Jesús, quién trató por igual a todos, hombres y mujeres, ricos y pobres, sanos y enfermos, judíos y extranjeros. Él rompió los paradigmas discriminatorios de su tiempo y enseñó que todos tienen el mismo valor ante Dios y esto refleja la imparcialidad y justicia del Reino de Dios.
Es necesario vencer el favoritismo en la vida práctica, mirando a las personas como Dios las ve, tratándolas con igualdad y practicando el amor intencional. Dios nos llama a tratar a todos con justicia, honor y compasión.
Pastor Dr. Jorge Cupido
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