sábado, febrero 24, 2024

El encanto de la lectura – Teresita Balderas y Rico

Uno de los grandes inventos de la humanidad y que llegó para quedarse, es sin lugar a duda el libro. A través de él, podemos cruzar los océanos, en mar apacible o en tormenta perfecta, sin que nuestra vida corra peligro.  El lector permanece en su lugar favorito; la viajera es la imaginación. Al saltar la tapia y las madreselvas, se puede adentrar en los intersticios de su historia, para buscar en sus páginas el trasporte adecuado. Corresponde al lector la elección.

Es hora de tomar decisiones para viajar en el tiempo, elegir la época y el lugar donde se pretenda descender. Podría ser en Atenas, para escuchar a Sócrates cuestionando a los jóvenes a través de la mayéutica. Si eres una persona curiosa,  te recomiendo introducirte en el entramado que hace Umberto Eco en su obra “El nombre de la rosa”, donde encontrarás los misterios que subyacen en las congregaciones religiosas de la Edad Media. 

Conocerás los vericuetos de la intriga y terror, la extraña conducta de la vida eclesiástica de esa época. 

Si te interesa conocer la vida de Jesús, desde su intensa humanidad, disponte a leer la hermosa obra “El evangelio según Jesucristo”, de José Saramago, un libro interesante, que deja reflexiones sobre ser y creer. 

O bien, “Spinoza en el Parque México”, de Enrique Krauze: la historia de la formación personal del gran escritor y periodista, donde intervienen muchos factores y personajes de la política, economía, filosofía y literatura. En cada página encontrarás acontecimientos de importante relevancia.  

Hay noches en que el sueño se niega a tender el velo que adormece los sentidos. Es el momento propicio para acercarse a una buena lectura. ¿Te gusta la novela negra? Prepárate una taza de café o alguna copa de vino, abre los pesados y negros cortinajes del misterio, para adentrarte en el intrincado laberinto de la vida de los misteriosos personajes de este tipo de novela. 

Si el romanticismo está presente, y deseas pulsar la temperatura de una piel que no es la que cubre tu cuerpo, te sugiero descalzarte, no hacer ruido, podrías despertar a los amantes. Abre lentamente las hojas del libro, ¡con precaución, puedes contagiarte de la fiebre del amor! Atención, has entrado a: “La profundidad de la piel”, de Pedro Ángel Palou, escritor mexicano.

¿Te gusta la ficción? Te recomiendo “La vida de los elfos”, de la escritora Muriel Barbery. Es una novela donde, a través de los sueños y la imaginación, se pretende construir un mundo más justo, armonioso, dentro del universo poético creado por la autora. 

Los libros han sido mis compañeros. He viajado con ellos. Me transformo para  transitar a través del éter de los siglos, donde la distancia y el tiempo hacen un espléndido maridaje, que seduce y atrapa. Es tan sutil que, sin darte cuenta, te conviertes en parte del entramado de la obra. 

Mis libros son mis leales amigos, no me abandonan. Soy yo quien los ha dejado, por atender otras situaciones de la vida cotidiana. Cuando regreso, los busco y ahí están, esperándome en la biblioteca. Unos para compartir la enigmática y a veces escalofriante, pero necesaria información científica, y otros, para ofrecer la cálida y placentera narrativa del cuento y la novela.  

En diversas ocasiones, los libros se han convertido en mis fieles amigos nocturnos, han sido mudos testigos de mis sentimientos a flor de piel, conocen mis penas, alegrías y éxitos. Han estado a mi lado, en las noches en que he velado el sueño de mis hijos, durante una enfermedad.  

Son mis amados libros quienes después de una ardua jornada de trabajo, fuera y dentro del hogar, me proporcionan momentos de tranquilidad y felicidad. Sus páginas despiertan la imaginación, avivan mi curiosidad; entonces, me siento con suficiente energía para vivir las aventuras que encontraré en sus interesantes narrativas. 

Me dispongo a caminar cerca de los personajes que viven en sus páginas, creados por los que se dedican al arte de escribir. 

En mis noches de insomnio, me resulta reconfortante tomar un libro, deslizar la mente entre sus páginas, apartar el pensamiento de las trivialidades mundanas, para poder disfrutar de una buena lectura. Una vez seleccionado el libro, preparo una deliciosa y humeante taza de café. Si es un fin de semana, me doy el lujo de servirme una copa de vino tinto.

Prefiero leer después de que mi familia se ha ido a dormir, así disfruto de mi libro en soledad. Regalarse un tiempo, algunas veces, no hace daño a nadie. 

Son múltiples las emociones que provoca la lectura acorde al estado de ánimo del  lector. Cuando leí “La ridícula idea de no volver a verte” de la escritora Rosa Montero, quedé impresionada: es la historia de la gran científica Marie Curie.

He experimentado que la lectura modifica el estado emocional. En ocasiones, mi pensamiento se nutre de nuevas ideas factibles de llevarse a cabo. Me he sentido tan optimista después de leer un buen libro, que, solo con tres horas de profundo sueño, despierto con inusitada energía, con la mente lúcida, lista para tomar las mejores decisiones y llevarlas a cabo. 

En estos momentos caóticos que estamos viviendo, la lectura de un buen libro podría ser un remanso de paz para nuestro estado de ánimo. Leer fortalece el desarrollo de un pensamiento crítico, necesario en la toma de decisiones, evitando ser manipulados. 

El hábito por la lectura permea en la construcción de un sólido capital cultural. Permite que nuestras decisiones sean las idóneas para lo que tenemos planeado, o para afrontar situaciones que se nos presentan en el hacer de la vida cotidiana.

A un pueblo lector no se le puede manipular tan fácilmente, porque tiene los recursos intelectuales para debatir las ideas de otros. Los que no interactúan con la lectura pueden ser fácil presa de la voraz corrupción y promesas falsas de gente sin escrúpulos.  

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