Ser un buen papá es una tarea complicada. Nuestros hijos están creciendo para tener sus propias vidas y el estilo de esas vidas depende, en mucho, de la actuación que tengamos y de la formación que les demos.
La tarea se complica más por el mundo en que vivimos, con sus crecientes presiones, su inmoralidad y sus valores cambiantes. Por si fuera poco, sumémosle que nadie nos prepara para ser padres. Sin embargo, si hay cosas que se pueden aprender para mejorar nuestro desempeño. Estas direcciones están contenidas en la Biblia, el libro del “inventor” de los hijos y el único que sabe con absoluta precisión como ser buenos papás para tener buenos hijos.
Para poder aprender estos principios y, especialmente, para ponerlos en práctica, se requiere de una gran motivación. La mayor motivación debe ser el amor por nuestros hijos y el deseo de que les vaya bien, convertidos en personas de bien.
Los tipos de papás más comunes son:
Papás monstruos. Son los que maltratan, abusan o abandonan a sus hijos.
Papás severos. Todo es orden, disciplina y exigencias.
Papás ausentes. Se dedican al trabajo y casi no les hacen caso a sus hijos.
Papás riendas sueltas. Muy relajados, no hay disciplina, no hay límites para los hijos.
Papás eficaces. Conocen y aplican los principios para un buena paternidad. Son balanceados en el amor y la disciplina.
Dios te regala tus preciosos hijos, pero lo hace con un propósito definido:
Instruye al niño en el camino correcto, y aun en su vejez no lo abandonará. (Proverbios 22:6)
A ellos los debes instruir en las leyes y en las enseñanzas de Dios, y darles a conocer la conducta que deben llevar y las obligaciones que deben cumplir. (Éxodo 18:20)
Una de las maravillosas revelaciones de la Biblia es que Dios es nuestro Padre. Él es el prototipo o modelo original de paternidad, por lo que el papá humano debe ser la imagen del Padre Celestial y debe trabajar con sus hijos en la misma forma en que Dios lo hace.
Dios es un padre tierno que se comunica, que abraza, que ama, que da confianza. Es un Padre al que se le puede acercar confiadamente, sin temor a recibir un golpe, un regaño o indiferencia. Es un padre accesible, protector y que provee para las necesidades físicas, emocionales y espirituales de sus hijos. Es un padre que enseña y orienta. Es un padre que es ejemplo para sus hijos. Es un padre que, por amor y en amor, corrige y disciplina a sus hijos. Es un padre que instruye en Sus caminos para el bien terrenal y eterno de sus hijos.
La presencia, actuación y amor de un papá es muy importante en el desarrollo de los niños. En la sicología se hace notar que los problemas futuros de los niños, tales como abuso de sustancias, depresión, problemas de conducta, etc., son generalmente ligados directamente con el papel del papá en el desarrollo de sus hijos.
Dios tiene como plan que los hijos tengan a un papá a quien imitar, porque ellos tendrán una imagen del Padre Celestial según sea el padre terrenal.
Cualquier hombre puede ser un papá biológico, pero ser un buen papá requiere amor, preparación, responsabilidad y esfuerzo. Sin embargo, eso produce magníficos resultados y proporciona recompensas significativas que hacen que valga la pena.
Pastor Jorge Cupido
@jorgecupidoqro
EL SELLO
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Domingos, 11.30 am
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