lunes, mayo 18, 2026
Inicio Enterate El arte de pintar – Teresita Balderas y Rico

El arte de pintar – Teresita Balderas y Rico

0
338

La pintura es tan antigua como lo es la humanidad. Imaginemos aquellos seres con incipiente lenguaje, que después de haber atrapado a un cuadrúpedo y salir con vida, regresan a su guarida, una cueva donde se sienten protegidos de las fieras que, también hambrientas, los acechan.

Imaginemos aquel humano diferente a los otros. Después de haber saciado su hambre, tiene tiempo para pensar y recordar lo que ha vivido horas antes. Está vivo, por eso se alegra; su cerebro trabaja, algo ha nacido en su interior, no sabe qué es, pero un cúmulo de emociones está desarrollándose en su cerebro.

Él quiere dejar huella de lo que vio, entonces se acerca a una de las grandes rocas de la cueva. Podemos suponer que sus dedos, impregnados del alimento ingerido, se convierten en los pinceles y la pintura para tratar de plasmar en esa pared natural la figura del animal que lo ha alimentado.

Siglos después, se han descubierto los vestigios dejados por aquellos primeros artistas. Jamás imaginarían que sus pinturas trascenderían los siglos. Desde la enseñanza primaria, los maestros nos dijeron que se llamaban “pinturas rupestres”.

El pintar es parte de la historia del desarrollo humano. A los niños de uno o dos años, cuando se interesan en agarrar un lápiz, colores, hacen líneas en alguna superficie: cuaderno, hojas, cartón o muros. Se concentran en lo que hacen, su mirada está fija en lo que va apareciendo. Se asombran de lo han creado.

Al observar obras pictóricas, pensamos en los autores, nos preguntamos en qué pensaba. ¿Qué trataba de expresar a través de su pintura?, ¿por qué utilizó esos colores, las expresiones de los personajes? Cuando alguien se interesa y observa detenidamente esa obra, el o la autora logran despertar las emociones.

Un buen pintor está en constante transición. En los cambios de estilo, se observa el constante interés por adentrarse en el maravilloso mundo del arte. 

Querétaro es una ciudad que ama el arte: tiene escritores, pintores y otras ramas del arte. En 2018, conocí a la joven pintora queretana Esmeralda Neresis en un taller de escritura. Un día, nos invitó a su taller de pintura “El Aleph”. Un compañero dijo que él no creía que pudiera pintar. Entonces ella, con gran seguridad, dijo: “Conmigo pintan porque pintan”.

Esa seguridad llamó mi atención y me inscribí en su taller. Ese mismo año tuvimos una exposición, la pintora está en constante movimiento. 

Su pintura tiene cierto magnetismo, atrapa, conmina a conocer más sobre diversos temas, hasta que la pintura hable por sí sola.

He observado cambios trascendentales en el arte de Esmeralda. Ha desarrollado una práctica que transita entre la pintura y la escritura. La ha instalado en un territorio simbólico, donde la memoria, el cuerpo y la ausencia se convierten en un lenguaje expresivo.

La obra de Neresis invita a la observación, porque en ella se pueden encontrar los umbrales entre lo íntimo y colectivo, así también, entre lo que se nombra y lo que se calla. Desde estos parámetros, construye un lenguaje visual, que dialoga con la vulnerabilidad, la identidad y la espiritualidad contemporáneas.

Algo similar pudieron haber sentido aquellos artistas que en las milenarias rocas dejaron plasmados sus sentimientos, sin imaginar que esa pintura rupestre sería descubierta siglos después y pasaría a formar parte de la historia de la humanidad.

La pintura no es solo una amalgama de colores, a través de profundas expresiones pictóricas y narrativas fragmentadas.

La pintora Esmeralda Neresis expresa que investiga la huella emocional de la experiencia humana y los procesos de transformación interior. Para lograrlo, es necesario allegarse de ciertos elementos que coadyuven al propósito deseado. Podrían ser objetos encontrados, algunas intervenciones especiales, textos que tienen la intención de restituir la sensibilidad, fortaleciendo la resistencia y el noble placer de escuchar.

Pintar es un placer. Las bellas artes despiertan la curiosidad, la sensibilidad humana. En diferentes etapas de la vida, el pintar, escribir poemas, crear música, despiertan en las personas una sensibilidad que había permanecido adormecida por varios años.

Es asombroso ver la luz en la mirada de los niños, adolescentes, adultos, al descubrir que pueden pintar, primero con la guía del o la maestra. Observar a un niño concentrado en la creación de su obra no tiene precio. 

Neresis, en el caminar constante en el arte pictórico, entreteje la introspección y el rito cotidiano. La imagen y palabra se unen para construir un puente entre lo visible y lo invisible. Esta técnica invita a sus alumnos a crear y adentrase en la historia del arte pictórico.

El arte crea, sublimiza, conmueve a quien lo observa detenidamente y a quien lo crea. La pintora Neresis comparte con sus alumnos sus proyectos, creaciones, transformaciones. Con entusiasmo, comenta que ha participado en proyectos de arte contemporáneo vinculados la exploración del inconsciente, la identidad femenina y los procesos de sanación.

Con todas estas maravillas generadas a través del amor al arte, se asume la importancia de que, desde el preescolar, los niños en su desarrollo incursionen en el gusto por las artes.

Esmeralda Neresis desde niña tuvo el gusto por dibujar, iluminar, sin saber que sería el inicio de un largo camino en el enigmático mundo de la pintura. Se mueve de lo terapéutico al arte de pintar. Su obra es visual y textual, en un diálogo con comunidades artísticas.   

Cuando se ama el arte, no se puede dejar, forma parte de nuestras andanzas de vida. Pensemos en los niños, invitémoslos a que desarrollen el gusto y el amor al arte.  En talleres de pintura como El Aleph encontraran pintores que aman el arte de pintar.