Ernesto del Bosque cerró con llave su laboratorio. No quería ser interrumpido, porque su hijo celebraba su graduación y había sido seleccionado para el discurso en la ceremonia. El padre prometió asistir. Sofía, su esposa, tocaba la puerta sin que él respondiera. Ella tenía una copia de la llave, pero en ese momento no recordaba dónde la había dejado.
Cuando Sofía abrió la puerta, el científico estaba tan absorto en sus investigaciones que no se enteró de su presencia. Él se rodeaba de mapas cósmicos, pizarrones saturados de ecuaciones, telescopios, computadoras.
Revisaba las ecuaciones, borraba, corregía, estaba seguro de sus descubrimientos. Afirmaba que, acorde a las matemáticas, las pirámides de Egipto y la de los mayas en México, habían sido construidas por extraterrestres.
Ernesto tenía otras teorías. De acuerdo con lo investigado, estaba seguro que por medio del gusano estelar, en un futuro no muy lejano, se podría viajar de una galaxia a otra. Las matemáticas no mentían. Desde la antigua Grecia, los pitagóricos afirmaban que el número era el principio del mundo material y social.
Ernesto se sobresaltó a ver a su esposa cerca de él.
─¿Qué sucede, Sofía?
─En una hora será la ceremonia de graduación de tu hijo André. Prometiste estar presente ¡y mira cómo estás! Todo desaliñado.
Minutos después, Ernesto estaba irreconocible. Sofía no lo podía creer, volvió a reencontrarse con aquel hombre de porte elegante, de quien se enamoró desde el primer día en que acudió a su clase de física cuántica.
─Estoy listo ¿dónde está André? ─preguntó el científico.
─El se adelantó, leerá el discurso de graduación ─dijo Sofía.
Ernesto concentró sus pensamientos en la graduación de André, quien había estudiado física cuántica. Ernesto observó a distancia a su hijo. Era un chico estéticamente desarrollado, responsable, inteligente, el primero en la clase.
Sintió remordimiento, no había estado con él en los momentos claves de su desarrollo, poco jugó con él cuando era niño. Sofía lo había educado.
André, con una brillante pieza de oratoria, se despidió de su escuela a nombre de su generación. Los fotógrafos captaban los rostros felices de los egresados. Habría una cena baile para culminar ese evento memorable. Sofía, con Elvira, su inseparable amiga, disfrutaría el evento.
Ernesto había regresado a su laboratorio. Surgió en él un fuerte sentimiento de culpa. Los honores serían para André y Sofía, quien lo había educado.
En el laboratorio, el científico continuó con sus investigaciones. Se había doctorado en física cuántica, La nanotecnología era una de sus especialidades. Tenía potentes telescopios, los más avanzados microscopios, que permitían observar el comportamiento de las partículas subatómicas.
El científico estaba seguro de que el planeta Tierra había sido habitado por seres de otras galaxias. En la Vía Láctea, hasta este 2025, no habían detectado planetas poblados. A través de los avances tecnológicos, han encontrado ruinas de ciudades bajo tierra. Los que ahí vivieron dejaron vestigios de su sabiduría.
Ernesto, en sus investigaciones, ha hecho diversos experimentos, tratando de encontrar cómo y a través de qué medio viajaron a la Tierra.
Por ahora, sigue buscando la forma de trasladar una masa sólida de un lugar a otro, a través de las ondas electromagnéticas. Después de horas de experimentos logró desintegrar en partículas una masa microscópica, viajó por medio de las ondas y al llegar al espacio determinado, las moléculas se reintegraron en la masa original.
Ernesto estaba muy entusiasmado, aún traía puesto el traje de la ceremonia de la graduación de su hijo, de la familia no se acordaba. Su mente estaba concentrada en la fórmula para viajar en las carreteras interestelares. Buscaría la ecuación que diera la cantidad perfecta de fuerza proporcional al peso de la masa atómica.
Había viajado a Italia, como astrónomo invitado, donde tuvo acceso al gran observatorio “Vigo”, obteniendo datos importantes para sus investigaciones, corroboró sus notas acerca de las galaxias de neutrones y, de una posible colisión de agujeros negros. Acorde a sus ecuaciones, comprobó que una estrella de neutrones es tan densa que una cucharada cafetera de su densidad pesaría en la Tierra cien millones de toneladas. Observó las ondas gravitatorias de la colisión de dos estrellas de neutrones.
─Papá, ¿qué te pasa? Tengo varios minutos aquí, tú no te enteras.
─Perdón, hijo, ya casi termino, iremos a comer al restaurante que nos gusta.
Sofía estaba feliz, pocas veces podían reunirse.
─Papá, mamá, antes del brindis, quiero decirles algo importante. Me han otorgado una beca para mi doctorado en procesadores cuánticos.
Los abrazos y brindis acompañaron la degustación de suculentos platillos, fue una gran reunión familiar.
Al regresar a la casa, el científico se metió a su laboratorio.
Era de madrugada. Ernesto continuaba trabajando. De pronto, una poderosa luz llegó al jardín. Quiso saber el origen, se acercó a la ventana, observó una figura cilíndrica detenerse en el pasto, dentro se veían partículas en constante movimiento. El científico, asombrado, veía lo que sucedía en su casa.
Las partículas empezaron a juntarse formando figuras tangibles, humanoides y animales jamás vistos en el planeta Tierra. Un humanoide observaba a Ernesto, parecía que quería comunicase. De pronto, una intensa luz blanca envolvió al jardín, el científico bajó corriendo, pero lo que había visto, ya no estaba, no había evidencia de su estancia en el jardín. Ernesto esperaba que volviera.
No salía del laboratorio, logró desintegrar la materia, transportarla y reintegrar las moléculas.
Era de madrugada, noche de luna llena, el jardín se volvió a iluminar, los viajeros se desintegraron, en segundos estaban en su laboratorio, se presentaron. Ernesto, emocionado, entendía su lenguaje.
─Hemos viajado años luz por diversas galaxias buscando a seres como tú, apasionado por la ciencia, interesados en el conocimiento del universo. Nuestro deber es ayudarte a corregir pequeños errores de tus ecuaciones ─dijo quien comandaba la expedición.
De inmediato Ernesto anotaba en pizarrones, en el computador, las correcciones sugeridas. Casi al amanecer terrestre, se despidieron los viajeros intergalácticos.
Volvieron una tercera vez.
─¿Por qué mis anotaciones desaparecen al amanecer? ─preguntó Ernesto.
─Sería muy peligroso que lo vieran. La humanidad no está preparada, entre los humanos existen seres perversos, exterminarían el planeta.
Hubo un cuarto aterrizaje, Ernesto fue invitado a un viaje intergaláctico.
El científico desapareció. Gobiernos y organizaciones de astrónomos lo han buscado sin tener éxito.
Han pasado cinco años, Sofía y André lo siguen buscando.







