Abel Baca Atala
Descendiente de libaneses y sirios, Abel Baca Atala llegó al mundo el 27 de octubre de 1936. Sus antepasados habían llegado a México para adoptarlo como patria después de la desintegración del Imperio Otomano. Herederos de los fenicios, traían en la sangre y la memoria ancestral una enorme riqueza de conocimientos que les llevaron a fundar negocios, comprar y vender bienes de todo tipo, generar una red de apoyos y ser, ante todo, personas de rectos principios.
Así era nuestro querido amigo Abel: un caballero de cepa, un hombre simpático, amable, cuyo sentido del honor le llevó a consolidar amistades de toda la vida. Excelente esposo, padre y abuelo.
Nació en un poblado pintoresco de tierra caliente llamado Piedras Negras, a 70 kilómetros del puerto de Veracruz. Recordaba con nostalgia una infancia feliz compartida con sus hermanos mayores, que gozaron del amoroso cuidado de su madre, Victoria Atala Acar (el padre murió cuando Abel contaba cinco años). La abuela materna, Emilia Acar, había nacido en Damasco, Siria. El abuelo materno era libanés, provenía de una ciudad que en español se llama Córdoba. El padre de Abel había nacido en Veracruz, hijo de libaneses.
Los hermanos Baca Atala crecieron en una casa donde se hablaba árabe. Doña Emilia tenía madera de empresaria y al mismo tiempo que dirigía negocios con éxito, realizó muchos proyectos de filantropía, para el desarrollo del pueblo. Una de sus acciones sociales me estremece: había gente tan pobre, que cuando uno de ellos moría, los deudos dejaban el cadáver a la puerta de la señora Acar, seguros de que ella le daría una digna sepultura. Las familias no tenían recursos para enterrar a sus muertos.
En 1948, al morir la abuela, la madre de Abel se hizo cargo de los negocios familiares y asumió el compromiso de continuar la tradición de apoyar a los más necesitados.
Con el fin de estudiar secundaria, Abel se trasladó a vivir en Xalapa con una tía, por lo cual, contaba con mucha chispa, tuvo que dejar sus hábitos pueblerinos: bañarse en el río, cazar conejos, andar a caballo, ordeñar vacas… esa fue la primera vez en que tuvo que cambiar de entorno, por lo cual adquirió la capacidad de adaptarse a las circunstancias nuevas, lo que hizo varias veces en la vida.
En la Ciudad de México, en 1954, se inscribió en la Vocacional #2 y al concluir estos estudios, fue admitido en la Escuela Superior de Ingeniería Mecánica, del IPN. Tuvo la fortuna de contar con excelentes profesores, dos de ellos titulares de secretarías de Estado. Se rodeó de amigos cultos e inteligentes, que lo estimularon a adquirir formación más allá de las aulas: lectura de grandes autores, ajedrez, conferencias, conciertos de música clásica. Amante de los deportes, fue jugador de béisbol.
Antes de concluir la carrera, fue llamado a las oficinas de la facultad para entrevistarse con dirigentes de la empresa DINA, fabricante de camiones y autobuses, con sede en Ciudad Sahagún, Hidalgo. Antes de graduarse, ya contaba con un empleo. Con la seguridad que le ofreció su primer trabajo, Abel declaró su amor a una chica que conoció en un viaje y le había fascinado. Se llamaba Marie Suquet Manuel, hija de franceses. Una muchacha hermosa, de sólidos principios morales y poseedora de muchas cualidades. Ella vivía en la Ciudad de México con su familia. El novio viajaba los fines de semana para visitarla.
En esta época, Abel comenzó a viajar por motivos de trabajo. Con el enorme deseo de formar una familia, propuso matrimonio a Marie. Se casaron en diciembre de 1962.
En 1966, para fortuna nuestra, Abel y Marie se establecieron en Querétaro, donde él asumió la gerencia de producción de Massey Ferguson. Con frecuencia, viajaba a Brasil, Argentina, Inglaterra y Canadá, donde se fabricaban componentes que la empresa requería. En 1970, lo nombraron director de manufactura de una planta cercana a Roma. La familia había crecido: Marie y Abel tenían tres niños; vivieron en Italia seis meses; más tarde vino la experiencia de Toronto, y en 1973 fue nombrado director de operaciones para América Latina. Los viajes se incrementaron, los retos fueron superados y los objetivos alcanzados.
El 1 de octubre de 1991, Abel Baca fue nombrado coordinador de asesores del Gobierno del Estado por Enrique Burgos García, quien fue gobernador constitucional de 1991 a 1997. El 5 de junio de 1994, fue designado secretario de Desarrollo Económico. Las funciones del ingeniero Baca incluían coordinar el Gabinete de Desarrollo Económico, que incluía las secretarías de Desarrollo Agropecuario; Desarrollo Urbano, Obras Públicas y Ecología; Trabajo; Turismo y las funciones del secretario Técnico del Gobernador.
Siguiendo instrucciones del gobernador Burgos, Abel Baca se dio a la tarea de emprender un proyecto de crecimiento en todo el estado, para fortalecer a los municipios más alejados y dar oportunidades de trabajo a los graduados de las escuelas técnicas y universidades. Con inteligencia y amabilidad, apoyado en las vivencias que tuvo en muchos países, en el trato con personas de distintos orígenes, Abel Baca logró consolidar proyectos de inversión extranjera que confiaron en nuestro estado de Derecho, con la solidez que daban la seguridad jurídica y la capacitación de los jóvenes. Hoy en día seguimos gozando de la presencia de las firmas cuyo capital llega de otras partes del mundo para ofrecer empleo y estabilidad económica.
Al concluir la administración del doctor Burgos, el ingeniero Baca abrió un despacho de consultoría y en 2005 fue nombrado director del Parque Industrial Querétaro, uno de los espacios más propicios y avanzados para el establecimiento de plantas de manufactura en el estado. Abel tenía ese cargo cuando tuve la fortuna de tratarlo con mayor cercanía, como compañeros de labores para DRT, un grupo empresarial. Cuando Marie concluyó su ciclo vital, él siguió trabajando como una manera de paliar la tristeza.
Gocé del regalo que significa la amistad con un hombre de la calidad humana de Abel Baca Atala, un mexicano excepcional.
Como las almas privilegiadas, murió en su casa, acompañado de sus hijos Abel, Elena y Jorge, el 16 de junio de 2026.







