martes, junio 9, 2026
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Damas y caballeros

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Mauricio de la Vega


La vida de este gran artista fue semejante al paso de un cometa que atraviesa el cielo nocturno, lo llena de luz, hace un derroche de imágenes, provoca sueños y vaticinios en quienes lo admiran y se convierte en una inspiración para los más jóvenes, en un maestro, en un ser tocado por la magia. 

Mauricio Fernando de la Vega Mejía perteneció a esta estirpe. Su don fue poseer una mirada privilegiada, con la cual encontraba armonía en cualquier rincón y grandeza en los paisajes.

Nació en octubre de 1966, en la Ciudad de México. Su padre, queretano de origen, pronto trasladó a la familia a nuestra muy noble y leal Santiago de Querétaro. Mauricio cursó primaria en el Instituto Salesiano, secundaria en el Colegio Fray Luis de León y educación media superior en la Preparatoria Fray Junípero Serra.

Encontró su vocación artística en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Autónoma de Querétaro; inició su camino en la fotografía en 1991, bajo la tutela de Arturo Pérez y Pérez, genial maestro de la lente.

A partir de entonces, llevó una segunda cámara en el cerebro y con los ojos buscaba el delicado pétalo de una flor o la vorágine de una fiesta popular. Lo mismo un muro vencido por el tiempo que un edificio portentoso de última generación. En la ciudad de Nueva York, trabajó durante seis meses en el estudio de Marco Glaviano, quien tenía una clientela envidiable: Claudia Schiffer, Cindy Crawford, Linda Evangelista y otras modelos de talla internacional, que definieron los patrones de la belleza femenina para el mundo a finales del siglo XX.

En Querétaro, fue profesor en el Tec de Monterrey y también en su alma mater. A lo largo de su trayectoria, tuvo como socio y compañero a su hermano Fabián, con quien fundó el despacho fotográfico Estudios de la Vega. Juntos, capturaron miles de momentos fundamentales para las vidas de las familias de nuestra región, las empresas productoras de bienes y servicios, el campo, las instancias gubernamentales de los tres niveles y muchos otros clientes; dejaron su impronta sobre diferentes materiales de soporte.

Desde el inicio de su camino, tuve la enorme dicha de trabajar a su lado. Sus fotografías engalanaron la portada de muchísimas revistas publicadas por la editorial fundada por mi familia; nos acompañó a las celebraciones familiares y pude gestionar una de sus exposiciones más importantes, en el Centro de las Artes. Además, me tocó la suerte de ser su profesora en 2018, en un curso de escritura, donde estuvo inscrito hasta el final. Sus compañeros y yo atesoramos sus páginas.

Con los estuches que contenían luces, cables, baterías y cámaras, recorrió el país; dejó imágenes entrañables de Mérida, Oaxaca, Chiapas y muchos otros lugares. La Sierra Gorda de Querétaro era su lugar más amado. Publicó dos libros con fotografías de esa maravillosa región; en sus tomas, nos hacía descubrir espacios llenos de significado, cuya iconografía se volvía asequible gracias a que Mauricio señalaba, a través de sus lentes, la composición de la pintura de un muro que se volvía protagonista de una producción teatral con el horizonte como telón de fondo. 

Realizó exposiciones individuales y colectivas en diferentes museos de México y el mundo; expuso en dos ocasiones en Düsseldorf, Alemania, donde tuvo admiradores de su obra. En aquella ciudad, montó su obra en la galería Photographie Malerei Editionen, donde participó con la pintora Monika Kaiblinger en un homenaje plástico a Frida Kahlo. En el Museo de Arte de Querétaro, montó la exposición “Sensualidad”. En el Museo de la Ciudad, “Retrospectiva”. 

En el año 2017, gestioné para él la espléndida exposición “Los miedos del alma”, en el Centro de las Artes de Querétaro. En esa ocasión, declaró a los periodistas culturales: “En la fotografía encontré un medio de expresión rápido; la fotografía análoga, donde empecé, me encantaba; meterme al cuarto oscuro a revelar me hizo enamorarme de la fotografía”.

Mauricio tenía una voz estupenda; tuvo la oportunidad de cantar en dos conciertos y tres recitales. Algunas de sus composiciones se grabaron en un disco de música instrumental. Escribió poemas y cientos de textos que acompañaron a sus fotografías; con generosidad los compartía en sus redes sociales.

Como pintor, incursionó con diversas técnicas y soportes. Era un seguidor del geometrismo y el abstracto. En sus últimas obras, pintaba temas de la naturaleza que reflejaran la fragilidad de la vida.

Su última exposición, titulada “Hemisferios: fotografías de Mauricio de la Vega. Una retrospectiva”, fue inaugurada en el Museo de Arte de Querétaro el 5 de diciembre de 2018. La curaduría estuvo a cargo de Luis Beltrán, quien escribió en la hoja de sala: “Mauricio de la Vega, artista sin reservas, pregunta y responde con nuevas interrogantes para poder discernir entre alguna de sus verdades. Verdades personales que en algún tiempo cambian para interrogar nuevamente. Como en toda retrospectiva, en algunos puntos de su trayecto, se asoman los manifiestos que al pasar del tiempo, generan el crecimiento del artista, del autor, de la persona. Así, las simplezas y trivialidades de un momento determinado pueden, paulatinamente, transformarse en las complejidades y profundidades de otro. Desde sus primeras fotografías y hasta ahora, Mauricio de la Vega investiga a partir del interior de un pensamiento (su pensamiento) hasta llevarlo al otro lado, al hemisferio contrario. De la noche al día, de la abundancia a la estrechez, de la sed a la saciedad, de la libertad a la prohibición y de la vida a la muerte; pero nunca está conforme con calcar sólo un lado de la moneda; insiste en cuestionar y atrapar los dos con la capacidad de observarlos, asumirlos y sobre todo, expresarlos para compartir y hacer un llamado al diálogo desmesurado de ideas, puntos de vista y lacerar los absolutismos del pensamiento flojo y descuidado”.

Así como Mauricio donó obras para subastas y ventas especiales a favor de las más nobles causas, los admiradores de su arte adquirieron piezas en la venta que se realizó en enero de 2019, para apoyar al artista que enfrentaba los costos de la enfermedad que había enfrentado con valentía y arrojo.

Escribió sobre la muerte, con relación a una fotografía de una escultura que representaba a La Catrina: “Es colorida aunque se vea en blanco y negro. Es implacable. Es precisa. No se equivoca. Es paciente aunque nunca tiene que esperar. Sólo recoge. Sé lleva lo que no sembró. Sólo cumple su convenio y toma lo que es suyo. El espíritu de lo tangible se lo deja a su creador. Este cuerpo sólo es un préstamo. Un vehículo para viajar por este sueño. Para poder tocar y sentir. Para amar a la manera del mundo y acabar amando a la manera de Dios. Duele llegar y duele partir. Inevitable condición”.

Sobre el viento, tema de una foto: “No sé quién es más fuerte, si el tronco que se sostiene por toda su raíz a través de la tierra o el viento que todo lo erosiona y también lo fertiliza. En donde viajan la vida y la muerte, ¡al mismo tiempo!”

Otro pie de foto: “En el autobús. A través de la ventana que llora por la llovizna. Otra ventana. Llegando a la Ciudad de México para internarme nuevamente. Vamos por la quinta operación. Mis ojos siguen viendo belleza”.

Murió el 21 de febrero de 2019. Toda la comunidad artística y cultural vivió su duelo.

1 COMENTARIO

  1. muchas gracias por comentar sobre mi papá, es un honor leer tan linda trayectoria. 💗 y ver que sigue vivo en nuestros recuerdos.

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