Fray Alonso Cardiel
José Francisco Cardiel Castro fue un hombre de pensamiento profundo, bondad intrínseca y enorme carisma. Nació el 19 de marzo de 1940 en el estado de Guanajuato. Apenas concluyó su niñez cuando ingresó al seminario, con el fin de volverse fraile franciscano. Comentaba con picardía que una de las razones que lo llevaron a ingresar al seminario fue el deporte. Cuando niño, le encantaba el futbol y corría tras un balón para meter muchos goles. La vida le permitió lograr sus metas y ganar muchos partidos: como sacerdote, profesor y filósofo, contribuyó a la formación de cientos de vidas.
Era un niño de diez años cuando ingresó a la Provincia de San Pedro y San Pablo de Michoacán. Hay que considerar que estas provincias de la Orden, establecidas en el Virreinato, no tienen relación con la división geográfica de hoy en día. Querétaro forma parte de esa provincia, que tiene iglesias y conventos en lugares tan lejanos como El Paso, Texas, donde fue ordenado el 2 de febrero de 1965.
Al recibir los hábitos franciscanos, eligió el nombre de Fray Alonso. Su mente inquieta lo llevó a estudiar en la Universidad de Múnich, en Alemania, donde se graduó como doctor en Filosofía.
En Europa, tuvo la oportunidad de ser capellán de una línea de cruceros. Oficiaba misa e impartía los sacramentos a los pasajeros que abordaban los grandes barcos para conocer viñedos, castillos, pueblos medievales o espacios históricos, unidos por los ríos o rutas de navegación. Aprendió historia y geografía. Profundizó en el conocimiento de la mente humana.
Durante la década de 1980, fue profesor en la Preparatoria del Campus Querétaro del Tec de Monterrey. Ahí comenzó una relación sincera con varios docentes que gozamos de su amistad, solicitamos sus consejos y valoramos su sabiduría. Muchas noches de fin de semana nos reuníamos a cenar en casa de algún amigo generoso; además de analizar y resolver cada uno de los problemas del mundo, disfrutábamos de la delicia de varios platillos, cantábamos y leíamos poesía. Reíamos con las ganas de la juventud, a carcajadas. Algunas veces, la reunión terminaba porque había que llevar al Padre Cardiel al templo de La Cruz para que oficiara la misa de seis de la mañana.
A sus exalumnos, fuera del aula, los preparaba para el matrimonio mediante un método que él desarrolló, en sesiones donde los novios tenían oportunidad de comparar sus puntos de vista sobre los asuntos fundamentales de la vida. Así, los jóvenes podían hablar sobre el lugar donde ambos querrían vivir, dirimir posibles dificultades, hacer planes financieros, definir el mejor momento para tener hijos, estar de acuerdo sobre el número ideal de hijos y muchos otros temas. Cardiel dedicaba horas a cada pareja, les hacía confrontar diferencias y apreciar las coincidencias. Era un gran asesor espiritual.
Vivió varias etapas en el convento de la Santa Cruz de los Milagros, donde tenía una maravillosa biblioteca de miles de ejemplares, cada uno escogido con cuidado por el gran lector que era, donde compartía conocimientos aprendidos de varios autores con sus alumnos y miembros de su parroquia. También residió en el Gran Convento de San Francisco, que también albergó su biblioteca, que él llevaba consigo a donde quiera que fuese. En aquel antiguo edificio, cuya historia se remite al siglo XVI, nos reuníamos mientras las campanas tañían para marcar las horas en la quietud de la noche.
En los años de la década de 1990, colaboró con los Hermanos Maristas en la fundación de la Universidad Marista en El Pueblito, municipio de Corregidora. Fue el primer rector de esa institución.
Sus superiores lo enviaron a ejercer su ministerio en la parroquia de San Antonio de Padua, en la ciudad de Chihuahua, donde se desempeñó como asesor espiritual de la Orden Franciscana Seglar. Ahí celebró 50 años de sacerdocio, el 2 de febrero de 2015. En julio de 2016 se despidió de su feligresía, a la que había tomado especial cariño.
Más tarde, realizó su trabajo como sacerdote en el templo de San Francisco de Asís de León, Guanajuato, ubicado en el barrio de El Coecillo. De sus ochenta y cuatro años de vida, setenta y cuatro los había pasado como franciscano. Entregó su vida al estudio, el trabajo, la docencia y la formación espiritual de sus semejantes. Dios lo llamó a su lado el 4 de julio de 2024.







