viernes, mayo 24, 2024

Así te recuerdo – Teresita Balderas y Rico

Cony, cada vez que pienso en el día en que nos conocimos, la memoria viaja hacia 1968, cuando llegaste desde tu tierra natal Tepetitla Tlaxcala, a la comunidad rural en donde yo trabajaba. Recuerdo la alegría que sentí al verte, ¡por fin tendría una compañera!

Ese año sucedieron eventos que quedaron plasmados en la historia de la nación.  El Movimiento estudiantil del 68, con las atrocidades ya conocidas. Los Juegos Olímpicos, celebrados por primera vez en nuestro país, la efervescencia de los grupos musicales, nacionales e internacionales, la moda con su minifalda, los colores psicodélicos y los zapatos de plataforma. Los cafés llamados existencialistas, tan misteriosos con su alumbrado a media luz, muy propio para enamorados o soñadores. 

Mientras tanto, nosotras a nivel micro, también tuvimos nuestra historia en esa pequeña comunidad llamada Píe de Gallo. Cuando el profesor Jorge y su joven esposa dejaron libre el cuarto en donde vivían, nos fuimos a vivir ahí.

─Cony, al paso de los años, viendo en retrospectiva, pienso que no te agradecí lo suficiente por haber sido mi amiga y compañera de trabajo. Creo que tú también fuiste feliz en esa época, niños y padres de familia te querían mucho y tú, lo disfrutabas.

─¡Qué aventuras pasamos juntas!, ¿recuerdas cuando nos invitaron por primera vez al pedimento de mano de la novia? Era todo un ritual que jamás me imaginé que existiera. Había una primera plática en donde los padres de la novia visitaban a los del novio, la joven y el muchacho no tenían permiso de hablar, solo los padres. Ahí se fijaba la fecha para la siguiente visita, que ahora sería en la casa de la novia.

Hablaban de todo, menos de la boda, la casa anfitriona ofrecía un taquito. Este, consistía en: caldo de pollo, sopa de arroz, de fideo, mole, y para culminar barbacoa, acompañados con tortillas de colores recién hechas. Mi ignorancia la pagué caro, tenia tanta hambre que me a fui a fondo con el caldo, cuando llegó el siguiente platillo solo pude comer un poco de arroz. Impensable, llegar hasta el mole y qué decir de la barbacoa. Todavía me arrepiento de haber comido varias tortillas con el caldo. Tú, al comer despacio, te enteraste a tiempo que había más variedad en la cena, así es que no terminaste el caldo y pudiste comer mole. 

Sí que nos divertíamos en nuestra labor docente, cada cosa que se nos ocurría, que no pensábamos en las consecuencias futuras. ¿Recuerdas cuando bailamos sones jaliscienses en un programa escolar del Día de las Madres? después se convirtió en una tradición, así es que terminábamos bailando también en la fiesta de fin de año escolar. Mala idea fue haber bailado el Pávido návido, que después hasta en las bodas querían que lo hiciéramos.

─Conchita, de ti solo tengo bonitos recuerdos, éramos tan jóvenes y con muchos proyectos a corto y largo plazo, vivíamos cada día intensamente, que no pensé que estuvieras enferma. No indagué a fondo, y tu jamás lo dijiste. Hoy recuerdo como si fuera ayer, cuando caminábamos los siete kilómetros de la escuela a la carretera, donde pasaba el camión que venía de san José Iturbide con rumbo a la ciudad de Querétaro. 

─Discúlpame amiga, porque la mayor parte del camino te molestaba al decirte: Apúrate Conchita, no vamos a llegar a la carretera a tiempo para abordar el autobús. Tú respuesta era, ─déjame descansar unos segundos, luego te alcanzo. ─Dejé de hacerlo hasta un día que te vi cortar unas hojas de un arbusto y las masticaste.

─¿Por qué te comes esas hojas? pregunté 

─No me las como, las mastico para no morderme los labios, el dolor que tengo es intenso. ─entonces te dije: camina despacio, voy a correr para decirle al chofer  que nos espere. 

Después de ese incidente, platicamos con el Comisariado ejidal y con los padres de familia, les informamos lo que sucedía y ellos estuvieron de acuerdo en que los viernes los niños tendrían un solo turno en la escuela, con el propósito de tener el tiempo suficiente de llegar a la parada del camión.  El último pasaba entre las cinco y media y las seis de la tarde.

El primer paso estaba dado, ahora tendríamos que solicitar el permiso al Inspector educativo, él dudó en otorgarlo, ya que otros profesores podrían solicitar lo mismo con cualquier pretexto, pero como llevábamos la firma del Comisariado Ejidal y de la Sociedad de Padres de Familia, accedió. Finalmente hablamos con el repartidor de la Pepsi, que llegaba los viernes entre dos y tres de la tarde a surtir el producto en las dos tienditas que existían en la comunidad. Le solicitamos que nos permitiera viajar en su trasporte y nos dejara a píe de carretera y así abordar el autobús. Él, amablemente accedió.

─ ¡Qué feliz te pusiste cuando logramos este convenio Cony


Fueron muchos eventos importantes en los cuales fuimos protagonistas, como el concurso convocado por la SEP, de construir un monumento a la bandera con un libro abierto que simbolizara La Constitución de 1917. ¡Reunimos a los padres de familia, los motivamos y entramos al concurso!

El papá de un alumno consiguió un bloque de cantera y él mismo esculpió el libro. Seguido íbamos a su casa a ver el desarrollo de la obra, su esposa siempre nos decía: pasen a su pobre casa y cómanse un taquito, luego nos daba un jarrito de pulque para, que pasara el taquito.

─Un día bromeando, don Simón nos dijo, ─¿bueno maestras y que vamos a obtener con esto, ─el primer lugar  respondimos, ─todos terminamos riendo, ─hay profas se pasan de optimistas ─dijo el escultor.

El proyecto se culminó, avisamos al Inspector de la XIX Zona Escolar, a la que pertenecía la escuela. Él nos visitó, observó que todo estaba de acuerdo a la convocatoria y terminado antes de la fecha fijada. Tomó fotografías y se retiró. Pasó un mes, la vida escolar seguía, ya teníamos otros planes para los niños.

Una mañana vimos que el Inspector llegaba a Píe de Gallo en un caballo. Su visita fue sorpresiva, incluso un niño llegó corriendo al salón y dijo: ¡maestra, maestra ya está aquí el espantor!  El grupo río a carcajadas, en realidad la apreciación del niño era asertiva.

La visita no fue para revisar el proceso educativo de los niños, como era costumbre. Lo primero que nos llamó la atención fue su saludo amable y además sonriente, creo que fue la primera vez que lo vimos reír, estábamos a la expectativa, los niños también, no se mantuvieron en su lugar como les dijimos; todos estaban de píe con sus caritas pegadas a las ventanas. Un alumno dijo, ─¿y si nos quitan a las maestras?, ¡lo agarramos a pedradas! ─fue la respuesta, si dijeron los demás.

Después del saludo, le expresamos que nos daba mucho gusto velo tan pronto, ¡Qué falsas nos vimos! Lo que en realidad sentíamos era temor a que nos regañara. Él, seguía con su tono amable, pienso que gozaba al ver nuestras caras de sorpresa. 

─Les tengo una muy buena noticia maestras, ─dijo nuestro jefe.

─su escuela obtuvo el primer lugar en la edificación del monumento a la bandera con el símbolo de la Constitución de 1917.

─¿De la Zona Escolar maestro?, ─le cuestionamos.

─No maestras de todo el Estado de Querétaro, les ganaron a las escuelas de organización completa de la ciudad capital, de los municipios, lugares en donde hay recursos para hacerlo. Como reconocimiento a su trabajo saldrá en el boletín de la SEP, que se reparte en todas las zonas escolares del estado, ¡esta escuela se dará a conocer en muchos lugares!

No sé si lo recuerdas Conchita, gritamos ¡ganamos! tan fuerte, que se escuchó en todo el rancho, los niños salieron corriendo de sus aulas para unirse a nuestra alegría, hicimos una ronda y bailoteamos en rededor de la autoridad educativa. Te veías tan feliz que contagiaste a tus alumnos, todos te abrazaban al mismo tiempo y tuve que decirles que tuvieran cuidado, porque te podías caer. 

En retrospectiva, pienso que tu estancia en esa escuela fue una de las mejores etapas de tu vida. Las aventuras vividas ahí fueron un continuo, algunas demasiado atrevidas, pero finalmente lográbamos nuestros objetivos.

Gracias Conchita.

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