sábado, abril 5, 2025

Mi circunstancia y soledad – Teresita Balderas y Rico 

Ortega y Gasset, expresa: El espacio y tiempo para la reflexión es un Lugar sagrado. Se requiere de un espacio y un tiempo consigo mismo, para penetrar en ese lugar sagrado que, desde mi interpretación; es el encuentro con el propio ser. El acercamiento resulta complejo, en ocasiones el miedo detiene la intención. Éste, espanta al sujeto, dialogar con el ser no es nada sencillo, algunas veces resultar aterrador. Sin embargo, es recomendable hacerlo, el carácter se templa, el espíritu se fortalece.

 Es muy interesante conocer los caminos para encontrarse con nuestra propia soledad. En mi caso he aprendido amarla. El primer verso del poema A mis Soledades voy, de Lope de Vega, me orienta hacerlo con mayor frecuencia.

    A mis soledades voy,

    de mis soledades vengo,

    porque para andar conmigo

    me bastan mis pensamientos.

En este verso subyace la forma de percibir la vida conociéndose así mismo.

 Puedo estar rodeada de familiares, amigos, compañeros; pero ante la ausencia de empatía, mi soledad es la que está. Finalmente, en mi vivir y morir; solo me tengo a mí.

Al estar en el umbral de la muerte, se toma conciencia de que hay vida, y cuando se logra sobrevivir, ésta, es valorada. Se aprende amarla en compañía, pero, sobre todo; en soledad. Se presenta en diversas formas, no es la misma en tiempos y espacios diversos. Hay veces en que la soledad suele ser la bruma, antesala de la dorada luz solar.

 Por mis circunstancias vividas, mi curiosidad y cierta rebeldía, me han llevado a cuestionar acciones propias y ajenas, en aras de entender a mi ser. Ello me ha llevado a visitar el lugar sagrado que se tiene para meditar consigo mismo, ya sea por una problemática de gran magnitud o bien, para celebrar el éxito, y, pensar la felicidad.

 Fue en los primeros años de la década de 1950, cuando adquirí una enfermedad considerada mortal en esos años, llamada tos ferina, pocos niños sobrevivían a ella.

Se presentaba en constantes crisis, una tos rápida y seguida, que no permitía llevar o extraer el aire los pulmones. En ocasiones el desmayo era un alivio a mí tortura, en otras, me arrancaba el pelo por la desesperación de no poder respirar.

 Soy una sobreviviente, confieso que cuando he visitado el umbral de la muerte, al retirarme salgo fortalecida, amando más mi existencia por haber ganado otra batalla.

La vida y mi circunstancia, me han enseñado a conocerme y dialogar conmigo.

 Cuando converso con mi soledad, ella acude a mí vestida de colores: a veces de azul, otras de verde, también le gusta el naranja. Se viste según sea la ocasión. No podría ser de otra manera, es una forma de celebrar la vida.

    A mis soledades voy,

    De mis soledades vengo.

 Hermosos versos que orientan a dilucidar sobre el concepto de la soledad. Desde mi perspectiva, en múltiples ocasiones se ha conceptualizado erróneamente.

 A la soledad se le mira con cierto temor, me pregunto el porqué. Las respuestas pueden ser múltiples, lo relevante es rescatar el diálogo consigo mismo, atreverse a conocerse, para no sentirse solo.

 Me queda claro que debo estar segura de mí, para visitar ese lugar sagrado que es mi propio ser.

 Si aprendemos a estar con nuestro propio ser, jamás se estará verdaderamente solo, en el entendido que soledad es la ausencia de acompañamiento. 

Paradójicamente, se puede estar rodeado de miles de personas y estar en realidad solo, dado que, multitud no es sinónimo de compañía. 

Interesante la tesis de Ortega y Gasset, al mostrar que existen tantas cosas para los seres humanos, y que pasamos gran parte de nuestra vida sin darnos cuenta de su presencia, dejamos solo pasar los años.

 Algunos humanos, tardan en desarrollar la conciencia de esas cosas que están ahí, y qué, sin algunas de ellas, podríamos no existir. La pandemia que estamos viviendo, nos ha mostrado lo frágil que somos.

 Voy a darme más tiempo para ir y venir de mi soledad. Pensar, razonar, amar y crear. Sentirme plena de que soy yo, y estoy en mí. Es tan corto el tiempo prestado en este fragmento del cosmos, que resulta criminal desperdiciarlo en cosas fatuas.

Necesito prender la luz de mi entendimiento, para no ver al mundo solo desde sus dualidades. Comprender, por ejemplo: que la oscuridad es la ausencia de la luz, la alegría la ausencia de la tristeza. Y, que entre el negro y blanco existe una gama de tonalidades.

 Como afirma San Agustín, “El error es la carencia de la verdad”.

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Teresita Balderas y Rico 

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